Pasividad y obesidad: la nueva dupla

Pasividad y obesidad

10/03/2017 • Obesidad, Trastornos & Desórdenes • Views: 571

Las paradojas de la modernidad de los estilos de vida en la alimentación y la salud hoy nos presetnan un nuevo capítulo en la  historia: Pasividad y obesidad: la nueva dupla.

Desde un punto de vista nutricional: ¿el progreso perjudica a la salud?

Si hablamos de progreso nunca hay perjuicio, pero siempre queremos vivir más y mejor. Tenemos una esperanza de vida larga, pero hay enfermedades degenerativas que nos amargan, otras casi desconocidas hasta 1950 que hoy son muy frecuentes y además han surgido problemas nuevos, como la obesidad.

Tradicionalmente, estar regordete, tener mofletes, era una cosa bien vista; era un indicador de salud y de bienestar económico. La publicidad de algunos alimentos a principios del siglo pasado garantizaba que hacían criar hijos “fuertes, robustos y rollizos”. Esto hoy sería impensable. Ha habido cambios importantes en la percepción del cuerpo.

Hay un refrán que lo resume: «Frutas, verduras y legumbres, no dan más que pesadumbre; la carne, carne cría y da alegría». Responde a una época en la que las legumbres eran el plato cotidiano y la carne algo extraordinario. Hoy eso se ha invertido: la carne y las calorías son baratas.

¿Cuál es el principal obstáculo para que los niños coman bien hoy?

Que nuestra valoración de los alimentos evoluciona de una manera más lenta que los alimentos mismos. Las grasas siempre han estado valoradas, ahora no. Muchos alimentos que antes tenían mala prensa entre los expertos en salud, ahora están bien vistos.

El valor social y médico de los alimentos ha cambiado porque nuestros hábitos han cambiado. Si antes las legumbres eran lo cotidiano, ahora son lo excepcional. Pero hay cuestiones biológicas: todas las sociedades en todas las épocas han valorado positivamente las grasas porque proporcionan más sabor al alimento y una mayor sensación de saciedad. Durante miles de años el problema de la humanidad ha sido saciarse; por primera vez en la historia, desde los años 60 o 70, estamos sobresaciados. Es una ruptura extraordinaria porque la especie humana ha evolucionado para responder a la escasez, no a la abundancia. Lo que antes era caro hoy es barato y, además, nos gusta.

¿Cómo afecta el ocio a la dieta?

Hasta los años 60 el consumo energético superaba las 3.000 calorías. La gente iba andando al trabajo, los niños jugaban en la calle… Hoy el consumo de energía es mucho menor, y aunque la ingesta calórica también ha disminuido (en los últimos 20 años consumimos un promedio de 400 calorías menos al día) hemos engordado porque las actividades son cada vez más sedentarias. Hoy en día el 75% de la población trabaja en el sector servicios, o sea, sentado delante de un ordenador.

En el caso de los niños, es verdad que procuramos que hagan ejercicio… pero van al colegio en automóvil o autobús, y cuando llegan a casa no salen a jugar a la calle con sus amigos, sino que juegan con el ordenador o la consola de videojuegos.

Es más, los niños duermen menos porque consumen televisión hasta altas horas de la noche. Hay un ocio más pasivo, sobre todo en la adolescencia. Esto tiene mucho que ver con que el 80% de la población es urbana y eso supone ocio sedentario. Sin embargo es una tónica de modernidad no gastar calorías en la actividad cotidiana y luego ir al gimnasio o al fitness, pero es una minoría la que puede hacer esto.

La vida social, ¿no incita al consumo?

Todo es una incitación al consumo. Nuestra sociedad ha propiciado la sociabilidad, que es un aspecto muy positivo, pero se rige por patrones tradicionales en términos de alimentación. A los invitados se les ofrecen alimentos más grasos, más calóricos, más elaborados… Hay un desajuste: la sociabilidad siempre ha ido acompañada de “comensalidad”, pero la sociabilidad evoluciona de una forma y la nutrición de otra. No hemos encontrado aún el punto de equilibrio para potenciar la sociabilidad sin que eso comporte excesos alimentarios.

Nuevo concepto: “Obesidad pasiva”

En base a estos datos y al análisis de la situación que atraviesa la sociedad en general, el instituto Foresight de Inglaterra ha elaborado un nuevo concepto relativo a la obesidad: el concepto de obesidad pasiva.

A causa de la sedentarización que vive la sociedad causada por los empleos que implican un estado de relativa inmovilidad y al fácil acceso a la amplia oferta de alimentos (existente hace relativamente poco tiempo), la población suele ganar obesidad, dejando de lado las prácticas adecuadas para combatirla. Esto es lo que los investigadores han denominado “ambiente obesogénico”.

Para combatir este lamentable fenómeno, los investigadores proponen tomar medidas que luchen contra este fenómeno a la par que contra el cambio climático. Una de ellas puede ser el uso de la bicicleta en lugar que del transporte. Todas las medidas están enfocadas a la prevención del problema más que al tratamiento del mismo, enfoque que es muy apropiado, puesto que la única manera de lidiar con problemas de tan grande magnitud es pensando a largo plazo.

Nueva generación obesa

En los países occidentales se está produciendo un aumento de la obesidad infantil y juvenil. En este cambio se han visto implicados varios factores:

  • Hábitos nutricionales: cada vez más los adolescentes dejan de comer una “dieta mediterránea” (rica en fruta, verdura e hidratos de carbono complejos) para llevar una dieta rica en grasas y azúcares de absorción rápida; es decir, alimentos que tienen un alto contenido energético y poco volumen (bollería, pasteles o dulces).
  • Sedentarismo: la menor actividad física en los adolescentes debido a que sus actividades de ocio son muy pasivas: ver la televisión, los centros comerciales, computadora, celulares, la consola…
  • La influencia de la moda: la publicidad bombardea a los jóvenes animándoles a consumir un gran abanico de bebidas y comida de alto valor energético y poco saludables (refrescos, comida rápida, snacks…)
  • Problemas emocionales: sobretodo de ansiedad en adolescentes con problemas familiares o en la escuela. La única manera de calmar la ansiedad es comiendo (como una fuente de placer o recompensa).
  • No hay que olvidar que los factores genéticos, hormonales o de salud pueden influir en padecer obesidad; aunque estas causas son las menos frecuentes, lo habitual es la adquisición de unos malos hábitos alimentarios.

Se debe consultar al Pediatra si se observa que el adolescente está engordando mucho o que tiene conductas poco saludables con la comida. El Pediatra debe explorar al adolescente y, si es necesario hacerle un estudio completo para valorar posibles enfermedades de base que justifiquen la obesidad.

El tratamiento de la obesidad se basa en dos pilares muy importantes: la promoción de la actividad física (evitar el sedentarismo) y la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables.

La prevención de la obesidad se debería hacer desde la primera infancia: promocionando la lactancia materna, retrasando la introducción de la alimentación complementaria hasta los seis meses y promoviendo campañas de educación sanitaria en la sociedad y las escuelas que promocionen hábitos de alimentación y actividad física saludables.

 

 

Referencias:
– Entrevista de referencia realizada a Jesús Contreras, catedrático de antropología social.
– Instituto Nacional Foresight
– Dra. Esther Martínez García, Pediatra

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