Nutrición para la tercera edad

17/05/2014 • Nutrición, Tercera edad • Views: 2240

Nutrientes y recomendaciones alimenticias para personas de tercera edad. Conoce la importancia nutritiva y las recomendaciones básicas en la edad adulta.

Deficiencia de vitamina B12

Un elevado porcentaje de personas mayores presenta problemas en la absorción de la vitamina B12. Por este motivo la “National Academy of Sciences” Institute of Medicine ha formulado unas nuevas recomendaciones para la ingesta de vitamina B12, y son de 2,4 µg/día.

Ingesta de vitamina B12 y mala absorción: La vitamina B12 se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal como son las carnes, y en general en alimentos ricos en proteínas.
El consumo deficiente de vitamina B12 es infrecuente. Sin embargo, entre el 10 y el 30% de las personas mayores presentan mala absorción de vitamina B12.
La mala absorción de vitamina B12 en ancianos se atribuye principalmente a la reducción en la actividad de la pepsina y secreción de ácido gástrico. Menos frecuente es la mala absorción por déficit de factor intrínseco.

Valoración del estado en vitamina B12: La deficiencia en vitamina B12 causa alteraciones hematológicas y neurológicas. Por lo que el diagnóstico temprano es necesario para prevenir los efectos de la deficiencia de vitamina B12. Los dietistas y los profesionales sanitarios deben tener en cuenta que muchos casos de deficiencia de vitamina B12 pueden no diagnosticarse.

Bibliografía:
– Clarke R. Prevention of vitamin B12 deficiency in old age. Am J Clin Nutr 2001; 73:151-2.
– Baik HW, Russell RM. Vitamin B12 deficiency in the elderly. Annu Rev Nutr 1999; 19:357-77.
– Loew D, Wanistschke R, Schroedter A. Studies on vitamin B12 status in the elderly prophylactic and therapeutic consequences. Int J Vitam Nutr Res 1999; 69(3):228-33.

La acción antioxidante

Una de las causas del envejecimiento es la acumulación de radicales libres, que son moléculas dadoras de electrones, es decir, con acción pro oxidante. Recientes estudios muestran que los radicales libres producen daños en la estructura química. El resultado es la degeneración de las células, el envejecimiento precoz y la enfermedad.
Estos radicales libres proceden:

  • Del propio organismo, como resultado de la actividad metabólica. Se acumulan sustancias de desecho que provocan el envejecimiento y la enfermedad.
  • De la contaminación externa: tabaco, drogas, algunos medicamentos, pesticidas y otros contaminantes que dañan las células y aceleran el envejecimiento y producen enfermedad.No podemos detener el envejecimiento pero existen formas efectivas para luchar contra los radicales libres. Los alimentos de origen vegetal, especialmente frutas, verduras y hortalizas frescas y frutos secos oleaginosos son una buena fuente de dichos antioxidantes. Nos proporcionan provitamina A, vitamina C y E, que son capaces de neutralizar los radicales libres. De esta forma podemos retrasar y frenar el proceso de envejecimiento celular.
Bibliografía:
– Ashok BT, Ali R. Exp Gerontol 1999; 34(3):293-303.
– Vendemiale G, Grattagliano I, Altomare E. Int J Clin Lab Res 1999; 29(2):49-55.

Leches fermentadas

La asociación entre nutrición y salud, siempre presente en nuestras vidas, se hace más evidente en el caso de las personas mayores. El envejecimiento es una de las etapas en las que la persona se muestra más vulnerable a las deficiencias nutricionales.
La pérdida de apetito, el deterioro de la dentadura, la digestión difícil y los cambios psicológicos conducen a cambios alimentarios. No comen adecuadamente y esto favorece la desnutrición (Rolls et al., 1995; Saltzman et al., 1998).

Una buena solución es incluir en la dieta de los ancianos las leches fermentadas como el yogur porque tienen un alto valor nutritivo, son fácilmente digeribles y ayudan a la asimilación de los nutrientes.

Beneficios probados de los lácteos fermentados:

  • Alta densidad de nutrientes y moderada cantidad de energía. En la tercera edad las necesidades Las necesidades de energía disminuyen, sin embargo, el consumo de nutrientes debe mantenerse.
  • Alta cantidad de proteínas. El consumo de proteínas es muy importante en la tercera edad, ya que un déficit de las mismas afecta directamente al metabolismo proteico y óseo.
  • Alta cantidad de vitaminas. Los fermentos lácticos aportan una importante cantidad de riboflavina, tiamina, cianocobalamina, ácido fólico, vitaminas A y D, siendo muy frecuente que los ancianos presenten un déficit de estas vitaminas (Monget et al., 1996).
  • Fuente de calcio. Muchas personas mayores son deficitarias en este mineral, con el consiguiente riesgo de sufrir osteoporosis (Murray, 1998) e hipertensión (Hata et al., 1996).
  • Inhibición de bacterias. Las leches fermentadas regulan la flora microbiana y protegen la salud del anciano porque inhiben el crecimiento de las bacterias perjudiciales en el intestino.
  • Alta digestibilidad. Los problemas de digestión son comunes en la tercera edad y la leche fermentada es fácil de digerir.

La intolerancia a la lactosa aumenta con la edad y las leches fermentadas pueden ser la alternativa a la leche. Muchas personas con intolerancia a la lactosa llegan a suprimir el consumo de lácteos lo que puede llevarles a sufrir deficiencias nutricionales, especialmente en calcio. Diversos estudios han hallado un aumento en la prevalencia de osteoporosis en personas con deficiencia en lactosa que evitan el consumo de productos lácteos (Lee et al., 1998; Carroccio et al., 1998; Goulding et al., 1999). Estos trabajos subrayan que esta conducta es un error, dado que algunos productos, como el yogur, son excelentes fuentes de calcio y son bien tolerados por los sujetos con intolerancia a la lactosa.

El consumo de leches fermentadas como el yogur no sólo se ha asociado en diferentes estudios con una mejora de la salud, sino también con la protección frente a determinadas enfermedades, como la hipertensión (Kynast-Gales, 1992). El consumo regular de yogur que contiene Lactobacillus acidophilus reduce los niveles de colesterol (LDL-colesterol) (Scaafsma et al., 1998). La reducción del colesterol en sangre puede tener un impacto significativo sobre el riesgo de enfermedad coronaria.

Asimismo, algunos estudios afirman que el consumo regular de lácteos mejora la flora intestinal y los problemas de estreñimiento, protege, contra las infecciones intestinales, aumenta la respuesta inmune del anciano (Van de Water et al., 1999) y puede reducir los problemas digestivos. Existen estudios experimentales que sugieren que el yogur podría prevenir ciertos tipos de cáncer (Mixoy, 1999).

Bibliografía:
– Carroccio A, Montalto G, Cavera G, Notarbatolo A. Lactores intolerance and self-repported milk intolerance: relationship with lactose maldigestion and nutrient intake. Lactase Deficiency Study Group. J Am Coll Nutr 1998; 17(6):631-6.
– Hata Y, Yamamoto M, Ohni M, Nakajima K, Nakamura Y, Takano T. A placebo-controlled study of the effect of sour milk on blood pressure in hypertensive subjects. Am J Clin Nutr 1996; 64(5):767-71.
– Goulding A, Taylor RW, Keil D, Gold E, Lewis NJ, Williams SM. Lactose malabsorption and rate of bone loss in older women. Age Ageing 1999; 28(2):175-80.
– Kynast-Gales S. Effects of dietary calcium for dairy products on ambulatory blood pressure in hypertension men. J Am Diet Assoc 1992; 92:1.497.
– Lee MF, Krasinski SD. Human adult-onset lactase decline: an update.
Nutr Rev 1998; 56(1):1-8. – Mixoy A. El yogur, un alimento funcional. Yogur vivo, alimento fresco y activo 1999; 2:9-11.
– Monget AL, Galan P, Preziosi P et al.
Micronutrient status in elderly people. Int J Vitam Nutr Res 1996; 66(1):71-6.
– Murray TM. Prevention and mangement of osteoporosis: consensus statements from the Scientific Advisory Board of the Osteoporosis Society of Canada. CMAJ 1996; 155(7):935-9.
– Rolls BJ, Dimeo KA, Shide DJ. Age-related impairments in the regulation of food intake. Am J Clin Nutr 1995; 62(5):923-31.
– Saltzman JR, Russell RM. The aging gut. Nutritional issues. Gastroenterol Clin North Am 1998; 27(2):309-2.
– Scaafsma G, Meuling WJ, Van Dokkum W & Bouley C. Effects of a milk product, fermented by Lactobacillus acidophilus and with fructo-oligosaccharides added, on blood lipids in male volunteers. Eur J Clin Nutr 1998; 52(6):436-40.
– Van de Water J, Keen CL, Gershwin ME. The influence of chronic yogurt consumption on immunity. J Nutr 1999; 129(7):1492S-5S.

Osteoporosis

La pérdida de masa ósea es un proceso normal en la vejez, iniciado en la edad adulta. Se caracteriza por una disminución de la masa y densidad ósea, pudiendo llegar a extremos en los que se produce la fractura del esqueleto.
La osteoporosis afecta a 15 o 20 millones de personas, una de cada tres mayores de 65 años, afectando 8 veces más a mujeres que a hombres.
Es una enfermedad que origina gran número de fracturas sobre todo de cadera y de vértebras, dando lugar a incapacidad, cuidados a largo plazo y con frecuencia muerte. La osteoporosis constituye un problema de salud muy importante que origina grandes gastos sanitarios a la vez que deteriora en gran medida la calidad de vida de los pacientes que la sufren.

Clasificación:
Osteoporosis de la pos menopausia o de tipo I Es característica de mujeres de edad avanzada durante los 15 o 20 años después de la menopausia, afectando al hueso trabecular, pelvis y extremo próximal del fémur. También se producen fracturas en el radio distal y en vértebras lumbares.
Osteoporosis relacionada con la edad o tipo II Se produce a partir de los 70 años, afectando a los dos sexos en el hueso cortical y trabecular. Las fracturas más frecuentes son las de cadera y de vértebras, en estas últimas la característica principal es el dolor de espalda intermitente, la aparición de cifosis o joroba y pérdida de altura (hasta 10 y 20 cm).

Este tipo de osteoporosis, aunque en principio afecta a los dos sexos por igual, es más grave en las mujeres a las que se les une este proceso degenerativo normal con el daño en el esqueleto de la menopausia.
Existen otros tipos de osteoporosis provocadas por fármacos (osteoporosis secundaria) o la idiopática primaria que afecta a mujeres premenopaúsicas y a hombres jóvenes.
Los factores de riesgo de esta enfermedad son: la edad, raza, sexo, talla corporal, antecedentes familiares, menopausia prematura, nuliparidad, tabaquismo, consumo de alcohol y uso prolongado de hormonas tiroideas exógenas en exceso, entre otros.

Otros factores determinantes son:
Estado menstrual: Todos los procesos que provoquen la desaparición de la formación de estrógenos dan lugar a una pérdida ósea, así la menopausia natural o quirúrgica, la amenorrea en el caso de disminución grande de peso (por anorexia, por ejemplo) o por exceso de ejercicio físico.

Consumo de Calcio: Es bien conocido que las personas cuyo consumo de calcio ha sido adecuado durante su vida sobre todo en el crecimiento y desarrollo, tienen menos riesgo de padecer osteoporosis, porque han desarrollado más masa ósea.

Ejercicio físico: Es un hecho probado que la inmovilidad causa pérdida de hueso. Además, aunque en menor medida, el sedentarismo y falta de ejercicio durante la vida, si bien influye en la pérdida de masa ósea, determina decisivamente la formación de hueso. Los asiáticos, caucásicos y mujeres pequeñas o delgadas normalmente del norte de Europa son más propensos que hispanos o personas de raza negra.

Prevención

A la vista de la importancia del problema sanitario que representa la osteoporosis debido a que la longevidad de la población es un fenómeno creciente, por lo que se hace cada vez más necesario abordar todas las posibilidades de prevención de la enfermedad desde etapas prematuras de la vida, entre las que el adecuado aporte nutricional a lo largo de la vida y el ejercicio físico, tienen una función fundamental.

Tratamiento

Administración de estrógenos: convenientemente durante los cinco años primeros de menopausia.
Ejercicio físico: detiene la pérdida de masa ósea y además aumenta la aptitud y el control muscular ayudando a evitar caídas o disminuyendo los efectos negativos de estas. Su práctica es aconsejada en todas las edades, adaptado a la condición física y personal del individuo, así en edades avanzadas son adecuados paseo, golf…
Otras medidas: calcitonina, fluoruro de sodio, calcitriol

Recomendaciones dietéticas:
Consumo de Calcio. Aunque existe controversia en este tema, parece razonable estimular su consumo para conservar al menos la cantidad diaria recomendada.
Durante el crecimiento y desarrollo: La mayoría del hueso se forma durante la niñez y la adolescencia, por lo que para conseguir un adecuado y máximo pico de masa ósea (limitado por factores genéticos y étnicos), es necesario el consumo generoso de calcio.

Niños 0-6 meses 500 mg de calcio al día.
Niños 6-12 meses 600 mg al día.
Niños 1-5 años 800 mg al día.
Niños 6-10 años 800 mg al día.
Niños 11 en adelante 1000-1300 mg al día.
Jóvenes adultos (hasta 24 años): 1000-1300 mg al día.
Durante la edad adulta: 800-1000 mg de calcio al día.
Durante el embarazo y la lactancia: 1300-1600 mg de calcio al día.
Durante la menopausia: 800 mg de calcio en posmenopausicas con tratamiento con estrógenos.
1200 mg de calcio en posmenopausicas sin tratamiento estrogénico.
Durante la vejez: 800-1200 mg de calcio

Fuentes alimentarias de calcio

La mejor fuente de Ca es la leche y sus derivados, queso, yogur y otras leches fermentadas. La mantequilla sin embargo no.
Las leches desnatadas tienen la misma cantidad de este mineral que las enteras.
Los frutos secos y las legumbres son ricas en calcio pero la absorción por nuestro organismo es menor.
Carnes, pescados, frutas y verduras tienen cantidades discretas de este mineral.

Consumo de fósforo

Para que la formación del hueso sea adecuada debe existir un consumo apropiado de fósforo. Se debe mantener una relación de 2/1 calcio/fósforo en el primer año de vida y posteriormente de 1/1.
Normalmente no existen deficiencias de este mineral.

Vitaminas

La vitamina D es muy importante en la regulación de la absorción de calcio y fósforo y por tanto en la mineralización y formación del hueso, por lo que es imprescindible durante el crecimiento.
El organismo es capaz de sintetizar esta vitamina a través de la exposición a la luz del sol, por lo que en países septentrionales se requieren suplementos.

Las vitaminas A, C y K también participan en la formación de hueso por lo que es conveniente no descuidarlas.
Una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, pescado y lácteos, cubrirá nuestros requerimientos.
Diversos estudios muestran la posibilidad de que los isoflavones presentes en la soja incrementen la densidad ósea en mujeres postmenopaúsicas reduciendo el riesgo de osteoporosis, por lo que es un alimento que es conveniente incluir en la dieta.

Bibliografía:
– Rapado A. Dieta y osteoporosis. Formación continuada en Nutrición y Obesidad 1998 vol. 1, nº 5: 240-250.
– Hawkins F, Jodar E. Osteoporosis posmenopausica: aspectos nutricionales. Formación continuada en Nutrición y
Obesidad 1999 vol. 2, nº 6: 305-315.
– Vermeer C, Jie K-SG, Knapen MHL. Role of vitamin D in bone metabolism. Ann Rev Nutr 1996; 15: 1-22.
– Fujita T. Osteoporosis: past, present and future. Osteoporos Int. 1997; 7 Suppl 3: S6-9.
– Messina MJ.Legumes and soybeans; Overview of their nutritional profiles and health efects. Am J Clin Nutr. 1999; 70 (suppl): 439S-50S.

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