Comida rápida y los niños

Comida rápida y los niños

11/09/2014 • La nutricionista, Niños & Adolescentes, Nutrición • Views: 3200

Mamá grita “Hoy comemos fuera!”, y ya tiene armado el plan: comida rápida, premios, cine, golosinas, gaseosas, chocolate y… ¡listo!

¿Pero adonde los lleva mamá?

“Quiero la cajita alegre porque tiene el muñequito de la peli!”
“Esas galletitas tienen la figurita del superhéroe”
“Todos mis amigos comen ahí”
“Ese lugar es aburrido, no tiene juegos”
“No me gusta la comida de ahí”
“¡Esa gaseosa tiene mi nombre!”
“No me gustan las verduras!”
“¿Por qué tengo que comer eso si no me gusta?”

Mamá se guía por estos pedidos, pierde de vista que hay otras opciones. No se preocupa por lo que esta elección provoca; satisface las demandas inmediatas y atiende a la facilidad y practicidad de no “pensar” en nada más, apunta a lo que “funciona siempre”.

¡Hay opciones mamá y papá!

Actividades al aire libre, restaurantes de comida rica y saludable con juegos y actividades recreativas. Existen otras propuestas. Sólo necesitan investigar un poco más.

Todos los hábitos generados desde la infancia se trasladan a la vida adulta. Una población saludable tiene sus raíces en la educación en el hogar. En una familia, tanto los conocimientos acerca de nutrición de los padres o encargados de la alimentación de los niños como el entorno en el que éste se alimenta son claves para que se mantenga un buen estado de salud durante su crecimiento y evitar futuros problemas de sobrepeso y obesidad, entre otras afecciones.

Una familia nutrida es más fuerte y sana

La familia es la primera escuela. La escuela, valga la redundancia, la segunda. Y así se va ampliando el “conocimiento” con otras influencias que determinan hábitos en los niños: los medios de comunicación, los clubes, los círculos sociales, talleres de arte, ¡la calle misma!

Tanto la restricción, la presión o la excesiva permisibilidad en la alimentación de los niños suele conducir al desarrollo de malos hábitos de alimentación.  La alternativa a estas prácticas es, por tanto, fomentar el gusto por alimentos más sanos y esto sólo se puede conseguir mediante el ejemplo desde la más tierna infancia: si los padres no consumen de forma habitual frutas y verduras, sus hijos tampoco lo harán, y menos si son “obligados” a ello. Así mismo, si sus padres optan por la comida “chatarra” en vez de preparaciones saludables, los niños no tendrán otra cosa que elegir.

Por estos motivos, en la práctica, el análisis del entorno familiar está cobrando gran importancia, dejando de centrarse en el paciente en particular para tratar a todo el núcleo familiar cuando un menor se ve afectado.

Michael Moss, ganador del premio Pulitzer, comenta sobre la comida basura: “Sal, azúcar y grasas: son los gigantes de la alimentación que nos van enganchado”.

Un informe especial de New Scientist demuestra que los alimentos con alto contenido de azúcar, grasas y sal tienen un efecto similar al de la cocaína. El excesivo consumo de estos productos no solo aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, sino que incrementa las posibilidades de contraer diabetes, asma y hasta esclerosis múltiple, aumentan los niveles de grasa en sangre asociados con las enfermedades cardiovasculares, pueden provocar hipertensión, gota o diarrea, entre otras afecciones. Dicha malnutrición tiene impacto directo en el desarrollo y crecimiento de los niños. Estamos criando niños “tontos”, enfermos y de desarrollo físico limitado.

“Debemos educar a la población. Estas sustancias toman al cerebro de rehén”, dice David Kessler, ex comisionado de la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos, y actual director del Centro para las Ciencias de Público Interés. La publicidad engañosa y luminosa nos está cegando. Los famosos locales de comida nos ofrecen el circo, los souvenirs y los payasos. Nos olvidamos de las repercusiones de acostumbrar a nuestros niños a que estas son las únicas opciones.

Ya no quedan dudas de que la comida chatarra rica en sal, azúcar y grasa genera trastornos en los mecanismos biológicos, que son tan poderosos y difíciles de combatir como el abuso de las drogas. Y ya que el uso de las drogas está reglamentado, ¿no es hora ya de imponer regulaciones más duras a la comida chatarra? ¿Se deben considerar drogas? ¿Somos adictos a la comida chatarra?

¿Pero cómo hacemos para optar por un menú saludable?

Tenemos que enseñarles a nuestros niños, que son el futuro, a nutrirse, no sólo a alimentarse.

¿Podemos hacer de un menú saludable algo tentador? ¿Podemos encontrar opciones de restaurantes saludables cuando salimos en familia? ¿Podemos armar viandas ricas, coloridas y nutritivas? ¿Podemos hacer cumpleaños y fiestas con preparaciones tentadoras, deliciosas y divertidas que no estén bañadas en azúcares, sal y grasas? Si, la respuesta está en ser ingeniosos, en informarse, en preocuparse.

Además, cuando se sale con niños, los almuerzos y cenas pueden resultar un tedio para ellos y una situación estresante para los adultos. Los niños no tienen la misma resistencia que los adultos a quedarse sentados luego de comer en la sobremesa, necesitan entretenerse. Existen lugares que organizaron actividades para entretenerlos mientras los adultos disfrutan de la comida o que proponen juegos en familia. Otra opción sería armar un plan que incluya actividades al aire libre e incluya dinámicas recreativas “todos juntos”. Fortalecer el vínculo también compete a la nutrición.

Existe una amplia variedad de productos, de locales y restoranes “saludables”. Éstos pueden darnos tanto entretenimiento, promociones, premios, etc. que los niños de hoy están acostumbrados a encontrar en los ya tan famosos fast food a los que los padres recurren como herramienta eficaz e infalible para entretenerlos y satisfacer a sus necesidades tan básicas.

¿Cuáles son las claves para una alimentación saludable?

  • Hacer a los niños, a todos los miembros, partícipes activos de su nutrición.
  • Dar ejemplo eligiendo alimentos saludables y haciendo que el niño lo vea y comparta el momento a la hora de las compras.
  • Preparar comidas junto al niño, presentando los ingredientes de modo más llamativo o de forma que pueda tomarlo con las manos -sobre todo si es pequeño aún para usar utensilios-, buscar utensillos aptos para cada edad -también manufacturados con personajes, colores, materiales que les llamen la atención.
  • Enseñarles de modo sencillo qué nutrientes importante tiene cada alimento y para qué los necesitan, que éstos los “ayudan” a crecer mejor.
  • Que los niños sean los chefs y propongan nuevos menues, y seamos nosotros los ayudantes de cocina mientras se preparan o sirven los alimentos.
  • Establecer rutinas en torno a lugar y hora de comida: ambientes agradables, música relajante, televisor apagado, diálogo.
  • Asegurar que los niños están sentados en una posición cómoda, bien apoyados.
  • Fomentar que el tiempo de comida sea divertido, hablando de temas que no tengan con problemas o tensiones, que puedan tener que ver con la comida pero no sólo de la comida, evitando distracciones tales como la televisión, los juguetes, etc.
  • Evitar discusiones sobre el alimento. Hablar con afecto y escuchar sus argumentos de por qué le gusta o no le gusta una comida. Esa información puede usarse en futuras comidas, por ejemplo, para mezclar las cosas que menos le gusten con las que más.
  • Restringir o disminuir el exceso de alimentos grasos y muy ricos en azúcar, golosinas, gaseosas, etc.; Seleccionar reemplazos saludables.
  • Concientizar a los padres y encargados de la alimentación de que son los responsables de los hábitos de sus hijos.
  • A la hora de elegir lugares para “comer fuera” optar por lugares saludables. Investigar es la clave. Actualmente existen muchas opciones. Si tienen una computadora o celular con acceso a internet basta redactar dicha búsqueda. Asesorarse es el secreto. No hay excusas.
  • Tener una heladera y una alacena nutritiva. Hacerlos participantes de todo el proceso de elaboración y manejo de los alimentos. Un divertido “control de stock”, armado de la lista de compras, visita al supermercado, verdulería, etc. Orden en la alacena y heladera, preparación y servicio-(armado de los platos, de la mesa, de la higiene.
  • Ajustar las preparaciones a los miembros y sus necesidades.
  • Lograr que los padres adquieran conocimientos sólidos sobre nutrición y fomenten el interés en sus hijos por conocer más sobre los beneficios sobre su salud y las repercusiones sobre su futuro.
  • Es fundamental hacerlos partícipes del por qué de cada preparación y de la importancia de los momentos de las comidas, la hidratación, la selección, la variedad, el ejercicio, el descanso, etc. Esto hará que en el hogar estén más accesibles a los niños los alimentos que le convienen en cada momento de su crecimiento y desarrollo.
  • A la hora de tratar a un niño malnutrido -con sobrepeso, bajo peso o patologías o deficiencias-, es imprescindible implicar a los padres y desarrollar un programa de intervención que modele el comportamiento alimentario familiar dirigiéndolo hacia hábitos más saludables. Recordando que se trata de un problema de abordaje interdisciplinario.
  • Armar recetas divertidas y “aprender jugando”, armar canciones y dinámicas entretenidas sobre los alimentos y los momentos de las comidas.
  • Estos son sólo algunos consejos para involucrarnos en la educación alimentaria de nuestros hijos y hacerlos participes de su crecimiento y desarrollo.

Y el consejo más importante: consultar a profesionales. Una población informada es una población Sana.

 

Nutricionista Sofía Naval
Licenciada en Nutrición. Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA). Tucumán. Argentina. MN 7587
Profesora de Hockey. Tucumán Lawn Tennis Club – Club Macabi Buenos Aires. Argentina
Docente Campañas Educativas sobre Nutrición y Hábitos Saludables. Desarrollo de proyectos y talleres para Foro XXI. Capital Federal. Buenos Aires. Argentina.
Consultas: respuestasdenutricion@gmail.com

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